Era pleno junio y el cielo del atardecer se teñía de color carmesí, haciendo incendiarse los campos verdes en tonos anaranjados. Ángela miraba al cielo con el corazón lleno de paz. Era una artista, pintaba cuadros, escribía poesía y tocaba el arpa. Cualquier cosa que le recordase mínimamente a la armonía del arte la hacía sentir completa, y ese atardecer estaba lleno de arte. Ni siquiera los más grandes artistas de la historia podrían pintar un atardecer y que fuese exactamente igual que el que veían.
Poco a poco las últimas luces del sol se fueron escondiendo entre las montañas para ir a saludar a quien viviese en el otro lado del mundo. Ella se imaginaba que algún artista al otro lado del planeta estaba observando el amanecer, preguntándose si habría alguien lo bastante osado como para atreverse a pintarlo.
Cuando finalmente el sol se escondió, las estrellas salieron a saludar acompañando a una hermosa luna llena. Nunca había tenido miedo de la oscuridad, la noche le parecía algo místico y precioso, una de las únicas cosas verdaderamente mágicas que quedaban en un mundo consumido por la codicia y la ambición.
Nunca le había importado el dinero o la fama, ni siquiera tenía un trabajo estable. No era que quisiese perjudicar a sus padres, a ella solo le importaba el arte y sus múltiples formas. Si pudiese pedir un deseo a una estrella fugaz, seguramente sería poder vivir del arte y de su preciada imaginación.
Sacó el cuaderno de dibujo con hojas negras y un lápiz blanco. Esa sería la primera vez que pintase una escena nocturna en un cuaderno negro. Durante horas estuvo dibujando, tratando de arrancarle la belleza al cielo para plasmarla en el papel. Nunca estaba realmente satisfecha con su arte, siempre quedaba algo que retocar, algo que mejorar y algo por pintar. Cuando finalmente apartó el lápiz del papel, observó con una sonrisa su obra.
-¿Cómo lo vas a llamar?
Su hermano Luís no comprendía casi nunca a Ángela, la quería, pero no entendía su punto de vista del mundo, ni su arte. Podía ganar mucho dinero como arpista, había muy pocas en todo el mundo que tuviesen el tipo de talento que ella tenía, el poder mezclar el arpa con una guitarra eléctrica y que, aun así, sonase tan hermoso como las luces de un árbol de Navidad. Pero ella no parecía interesada en el dinero pese a que sus composiciones alcanzaban visitas astronómicas en internet, lo único que realmente le importaba era la belleza que podía encontrar en lo más simple del mundo.
-No va a tener nombre, no está bien.
Observó el dibujo de su hermana y luego al cielo estrellado acompañando a la luna llena. Estaba exactamente igual, la luna pálida iluminando el cielo y llenando de luz fantasmal la hierba del campo, las constelaciones brillantes y armoniosas, las montañas llenas de reflejos blanquecinos...
-¿Por qué lo dices? Es muy detallado.
-Exacto, y el arte no tiene por qué ser detallado, simplemente es hermoso.
-¿Es que no te gusta?
-Yo no he dicho eso.
-Pues yo sí le pondría nombre -agarró el cuaderno y observó el dibujo con una sonrisa-. Baile de estrellas.
Ángela se quedó mirando a su hermano con una expresión confusa. Era la primera vez que alguien le ponía un nombre a un dibujo suyo, y se sentía algo descolocada. Por un momento pensó que le estaba tomando el pelo. Para ella esa escena nocturna que había dibujado no tenía vida, estaba vacía, como si le faltase algo muy importante.
-¿Por qué le pones nombre? No tiene alma.
-Sí la tiene, la tuya. Le dedicas tu alma y tu corazón a cada nota, a cada verso y a cada trazo en el papel, y eso es suficiente para mí. Si no lo quieres lo enmarcaré y lo pondré en mi habitación -ella sonrió-, o en el salón, para que todos puedan ver lo orgulloso que estoy de mi hermanita.
Luís no tenía alma de artista, no leía nunca ningún libro, la poesía no le interesaba, escuchaba rap pese a las protestas de su hermana y la pintura para él no era más que tinta sobre un óleo o un papel. Pero cuando le dijo eso, incluso sabiendo que para él algo tan subjetivo como el arte no tenía ningún valor, fue cuando finalmente vio el alma que se escondía en su obra.
-Baile de estrellas no tiene mi alma, sino la tuya. Incluso aunque no lo comprendes valoras mis dibujos, y eso es algo hermoso, mucho más que el arte en sí misma.
Se abrazaron bajo las estrellas, observando la luna llena dibujada sobre el mapa estelar, y por un momento pareció que el dibujo y la realidad se fusionaban en uno. Si Luís tenía que cuidar de ella porque era incapaz de adaptarse, lo haría toda la vida. No le importaba si nunca ganaba fama o fortuna, solo quería verla feliz, y eso lo era todo para él.
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